martes, 31 de marzo de 2009

¿Y la vocación de servicio?

Por : Eduardo Lastra D.

Permanentemente nos llenamos la boca diciendo que queremos servir a nuestro país o más concretamente al pueblo. Sin embargo, a juzgar por los hechos, nuestra población que en más de la mitad se encuentra por debajo de la línea de extrema pobreza, no es precisamente testimonio de ser la receptora del más adecuado de los servicios que le debieran brindar quienes tienen la responsabilidad de hacerlo.

¿A qué se debe esta contradicción evidente?, una de las razones podría estar en que se confunde servir con servirse. Servir significa estar al servicio de los demás, es decir implica un compromiso de atender primero lo que puede interesar a los otros. Por eso, para servir se requiere de eso que llamamos vocación de servicio, que es la predisposición para ayudar al resto con desprendimiento, muchas veces en desmedro de nuestros propios intereses muy legítimos. De manera que servir obliga a la aceptación de sacrificios, recompensada casi exclusivamente por la satisfacción íntima del deber cumplido.

Servirse en cambio, es la búsqueda del provecho propio, generalmente a costa de aquellos a los que pretendemos favorecer. En muchos casos, ciertamente las ventajas que logramos no son el resultado de acciones premeditadas, aunque por lo general, quien actúa persiguiendo servirse de los demás, calculará cuidadosamente sus actos y hasta sus omisiones, para salir beneficiado al final.

Quiénes por nuestra función socio-económica, política o cultural, debemos desempeñarnos como servidores de la sociedad. Tenemos que aceptar, conscientemente esa enorme responsabilidad de pensar y actuar para satisfacer las necesidades de la población mayoritaria. Esto quiere decir, que desde donde estemos (sector público o privado, funciones ejecutiva, legislativa, empresarial o sindical), tenemos la obligación de contribuir a la generación y perfeccionamiento de las condiciones materiales y sicológicas para que los 22 millones de peruanos vivamos decorosamente.

Entonces, debemos dejarnos de eufemismo, en cada decisión, en cada acto, en cada palabra, si no estamos priorizando los intereses de los consumidores, de la población, no estamos sirviéndoles; si no sirviéndonos de ellos. Que la solución de los problemas nacionales sea pues la mejor medida de nuestra contribución por meterializar el tan deseado Bienestar Común.

(Noviembre de 1991)

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