martes, 31 de marzo de 2009

¿Y la vocación de servicio?

Por : Eduardo Lastra D.

Permanentemente nos llenamos la boca diciendo que queremos servir a nuestro país o más concretamente al pueblo. Sin embargo, a juzgar por los hechos, nuestra población que en más de la mitad se encuentra por debajo de la línea de extrema pobreza, no es precisamente testimonio de ser la receptora del más adecuado de los servicios que le debieran brindar quienes tienen la responsabilidad de hacerlo.

¿A qué se debe esta contradicción evidente?, una de las razones podría estar en que se confunde servir con servirse. Servir significa estar al servicio de los demás, es decir implica un compromiso de atender primero lo que puede interesar a los otros. Por eso, para servir se requiere de eso que llamamos vocación de servicio, que es la predisposición para ayudar al resto con desprendimiento, muchas veces en desmedro de nuestros propios intereses muy legítimos. De manera que servir obliga a la aceptación de sacrificios, recompensada casi exclusivamente por la satisfacción íntima del deber cumplido.

Servirse en cambio, es la búsqueda del provecho propio, generalmente a costa de aquellos a los que pretendemos favorecer. En muchos casos, ciertamente las ventajas que logramos no son el resultado de acciones premeditadas, aunque por lo general, quien actúa persiguiendo servirse de los demás, calculará cuidadosamente sus actos y hasta sus omisiones, para salir beneficiado al final.

Quiénes por nuestra función socio-económica, política o cultural, debemos desempeñarnos como servidores de la sociedad. Tenemos que aceptar, conscientemente esa enorme responsabilidad de pensar y actuar para satisfacer las necesidades de la población mayoritaria. Esto quiere decir, que desde donde estemos (sector público o privado, funciones ejecutiva, legislativa, empresarial o sindical), tenemos la obligación de contribuir a la generación y perfeccionamiento de las condiciones materiales y sicológicas para que los 22 millones de peruanos vivamos decorosamente.

Entonces, debemos dejarnos de eufemismo, en cada decisión, en cada acto, en cada palabra, si no estamos priorizando los intereses de los consumidores, de la población, no estamos sirviéndoles; si no sirviéndonos de ellos. Que la solución de los problemas nacionales sea pues la mejor medida de nuestra contribución por meterializar el tan deseado Bienestar Común.

(Noviembre de 1991)

El pueblo doliente

Por: Eduardo Lastra D.

En diferentes versiones e interpretaciones cada Semana Santa volvemos a ver la pasión de Cristo, con menos o más sangre que la presentada por Mel Gibson en su taquillera película.

Al final de cuentas, vemos que siempre todo el dolor y el sufrimiento se concentra en el más débil e inocente; mientras que todo el aparataje del poder genera y defiende los beneficios de los que saben como sacarle la vuelta al sistema. O mejor dicho, crear el sistema que más les beneficie.

De manera similar, en lo referente a quiénes debemos cargar la cruz del financiamiento del costo de los servicios públicos, constatamos que siempre somos – paradójicamente - los sectores de menos ingresos y de menos fortuna.

Las grandes empresas tienen a su disposición los mejores asesores y defensores, tanto para hacer los lobbies políticos y administrativos, como para aprovechar los resquicios de las leyes que les puedan favorecer. En algo la denominada “responsabilidad social corporativa” y la “gestión ética” busca contrapesar esta situación, pero su avance es lento.

Los funcionarios públicos sienten que los puestos que ocupan son privilegios que no tienen ninguna contrapartida, por lo que los ciudadanos que se acercan a ellos en busca de orientación salen, por lo general, más confundidos y por lo tanto con frustraciones contenidas. La mentalidad de la gerencia pública que vea al ciudadano como cliente a satisfacer, todavía está en ciernes.

Los legisladores, llamados padres de la Patria, para no desentonar con el clima de paternidad desnaturalizada, no demuestran hasta la fecha (salvo muy contadas excepciones) una verdadera responsabilidad de servicio al país; puesto que las leyes que producen no contribuyen a solucionar los problemas endémicos de la sociedad, y lo que sí es frecuente son las defensas de intereses particulares, graficado en la escandalosa defensa de sus remuneraciones ostentosas. La política vista como oportunidad y medio de servir parece utopía.

Si de cumplimiento de leyes podemos hablar, es para comprobar que la que sí se cumple es la “ley del embudo”, que dice: “lo ancho para los vivos y lo angosto para los tontos” (o algo parecido). Y claro que sabemos quienes tienen el látigo y qué espaldas reciben los azotes... siempre.

Parece pues, que al pueblo todos los días y cada Semana Santa, no le queda más que levantar la vista al Cielo y exclamar “Señor por qué me haz abandonado”.

Estrategas y Estrategias para servir al Perú

Por: Eduardo Lastra D.

El 20 de junio de 1985, al clausurar un evento que organizamos el Instituto Latinoamericano de Desarrollo Empresarial (ILADE) y la Revista AVANCE ECONOMICO con el título: “¿Cómo reactivar la economía peruana?”, dije:

Los distinguidos ponentes de este importante evento: ingeniero Ernesto Lanatta, economistas Javier Iguiñiz, Emilio Barreto, Alejandro Toledo, e Iván Rivera y el licenciado Jorge Vivanco, desde sus respectivas percepciones técnicas y políticas han coincidido en que la situación del Perú es grave y casi “apocaliptica” en los aspectos económico, social y moral.

Efectivamente, las cifras que nos han mostrado y la realidad concreta que cada uno de nosotros observa cotidianamente, guardan relación con el preocupante deterioro de la situación actual.

Nuestra pobreza como país -también se ha señalado- no es producto de las omisiones y acciones equivocadas de uno o dos periodos gubernamentales; si no que obedecen, en mucho, a condiciones estructurales. Razón por la cual resolver nuestro atraso económico tomaría aproximadamente 20 años, si hacemos las cosas bien.

Entonces, la situación económica actual de nuestro país (la de 1985), puede ser calificada, sin exageración, como verdaderamente delicada, crítica y explosiva.

Las sugerentes propuestas de cómo reactivar la economía peruana, planteadas por nuestros distinguidos expositores, nos permiten descubrir que un aspecto determinante para encarar con seriedad la situación antes descrita, es el sentido estratégico que se debe aplicar a todas las políticas y medidas de las soluciones.

Desde nuestro punto de vista, nos permitimos resaltar la necesidad de compatibilizar cuatro planos, para superar el deterioro nacional de manera sostenida. Estos son el Temporal, el Operativo, el Político y el Ético (TOPE).

En el plano temporal, es necesario que cada una de las decisiones compatibilicen el corto, mediano y largo plazos. No debe sacrificarse el futuro por lo urgente, tampoco en aras del ahora conviene descuidar el futuro.

En el plano operativo, es imperativo que los planes y programas se formulen con la indispensable coherencia técnica; que sean verdaderamente factibles de aplicarse; que hayan exigido de sus formuladores dosis importantes de creatividad realista. Esto último supone adecuar los modelos y teorías a las exigencias de nuestra realidad, en términos de posibilidades y limitaciones; pero más aún, en función de los costos sociales que generen su aplicación.

En el plano político, hemos escuchado, en este evento, a los industriales reconocer que únicamente la industria no podrá reactivar la economía, a los economistas aceptar que el problema económico no les compete exclusivamente a ellos, y a los políticos decir que el Perú no será salvado sólo por determinada agrupación partidaria. Por todo esto, tenemos la convicción de que un ingrediente fundamental para solucionar los problemas de nuestro país lo constituye la concertación de esfuerzos, experiencias, conocimientos y especialmente voluntades. Quizá este plano requerirá más atención y trabajo que cualquier otro, dentro de la estrategia integral.

En el plano ético, la deseada moralización compromete tanto a los dirigentes en todos los ámbitos y niveles, cuanto a cada uno de nosotros como sujetos actuantes de esta sociedad. Si no se da un compromiso personal de trabajo para superar el estado de deterioro de nuestro país en general, y en particular de su economía, de sus instituciones y de nuestra conducta personal, poco relevantes serán los resultados de cualquier política, de cualquier programa, de cualquier gobierno.

Contrastando la crítica situación de nuestro país y las exigencias estratégicas de su solución, se desprenden preocupaciones como las siguientes:

Primero, si nuestra situación de deterioro requiere de 20 años aproximadamente para “arreglarla”, ¿cómo hacer para que los diferentes períodos gubernamentales den coherencia, consistencia y continuidad a las políticas y acciones de solución?.

Segundo, el APRA gobernará el país desde julio de 1985 a julio 1990, según el doctor Javier Iguiñiz a la Izquierda Unida le tocaría gobernar de 1990 a 1995, suponemos que al doctor Iván Rivera le gustaría que el PPC gobierne el país de 1995 al 2000, y el doctor Alejandro Toledo querrá que los independientes gobernemos del año 2000 al 2005. Pero, si en esos 20 años los diferentes gobiernos no muestran verdadera mejoría de la situación deteriorada, la población mayoritaria cansada del mismo estado de cosas ¿qué hará?, ¿a quién apostará?, ¿en quién creerá?, ¿a quién seguirá?.

Tercero, los analistas, al diagnosticar, frecuentemente comparan al país con un paciente, para hacer más didáctica su explicación. Siguiendo esa misma analogía ¿no es hora de exigir a los “médicos” del país (políticos, técnicos y gobernantes) que acepten la utilidad de las “juntas de médicos”, y formalicen mecanismos de coordinación para que todos puedan aportar su grano de arena a la solución real y duradera de los problemas fundamentales de nuestro Perú?, ¿no es acaso perentorio trabajar una estrategia de desarrollo nacional?, ¿ser parte de la solución no sería la manifestación concreta de una auténtica vocación de servicio por nuestro país?.

Cuarto, si bien el compromiso personal involucra a todos los peruanos, básicamente quiero referirme a quienes hemos recibido de la sociedad mucho más que el resto. Recordemos que en nuestro país sólo dos de cada 10 postulantes ingresan a la universidad, sólo cuatro de cada 10 egresados universitarios consiguen empleo dependiente, y que apenas uno de esos cuatro que lograron emplearse trabajan en su especialidad. Por otro lado, de cada 20 personas empleadas una ocupa el puesto de jefatura o dirección. En ese contexto, quienes somos estudiantes universitarios, tenemos un trabajo o nos desempeñamos en puestos directivos, constituimos un grupo privilegiado, que tenemos mayores obligaciones para con nuestro país. ¿Cómo encarar este compromiso personal?. Puede ser: estudiando mejor nuestra realidad, atreviéndonos a formular alternativas innovadoras para solucionar nuestros problemas, trabajando con mayor productividad cualquiera sea el puesto que ocupemos. Debemos ser además ejemplos permanentes de responsabilidad, de superación y hasta de sacrificio.

Reactivar la economía en función del desarrollo nacional, exige pues, de todos nosotros esfuerzo, seriedad, y solidaridad.

Bien, eso dijimos en junio de 1985.

El 5 de junio de 1999, en un congreso de estudiantes de economía en la Universidad Santiago Antunez de Mayolo (Huaráz) señalamos:

Del estado de situación de nuestra economía y de sus perspectivas podemos extraer las conclusiones siguientes:

1). Hemos salido de esa situación “apocalíptica y explosiva” de 1985, habiéndose revertido el desorden macroeconómico, para ubicarnos en una etapa de estabilización inconclusa, con un alto grado de apertura al proceso de globalización, que tiene efectos no deseados para nuestra sociedad. Sin embargo, nuestro país en el concierto internacional ha sido relegado a un estado de entre país “pobre” y “marginado”.

b). La política económica aplicada desde 1990 ha mostrado marchas y contramarchas significativas, viéndose imposibilitada para generar las condiciones del desarrollo sostenible de nuestro país. Las carencias sociales contrarrestan notoriamente con los logros fiscales y monetarios.

c). Ingresaremos al próximo milenio con una agenda pendiente donde podemos identificar los aspectos siguientes:

- Falta la visión de largo plazo de nuestro país. No tenemos aún respuesta a la pregunta ¿qué tipo de país queremos construir?.
- Debe formularse la estrategia de desarrollo nacional consistente con la visión que se haya definido.
- Hay que debatir el desarrollo agrario e industrial, el impulso al turismo, el incremento sostenido de las exportaciones, el papel de las pequeñas y micro empresas, el desarrollo tecnológico, entre otros.
- Tenemos que fomentar la inversión en el desarrollo del capital humano. En cuyo aspecto educativo habrá de tenerse en cuenta la formación ética y la identidad nacional.
- Debemos hacer la descentralización.
- Discutir los papeles del Estado y Mercado
- Lograr la inserción peruana en el sistema internacional, en condiciones que nos favorezcan.


Nuestra propuesta

Para encarar estos grandes temas, el aporte de los economistas es de vital importancia, debido a que están obligados a tener una mentalidad de estrategas que analicen los fenómenos de manera integral y proyecten políticas y medidas con visión integradora, de modo que los planes y programas sean coherentes en sí mismos, y consistentes en el tiempo y con los propósitos buscados.

Estimados amigos, nuestra propuesta es que el economista tiene, en el concierto de los profesionales, una mayor responsabilidad relativa en la comprensión de la problemática empresarial, institucional, local, regional, nacional y mundial; para en base a ello avanzar más allá del diagnóstico y el análisis, hacia la formulación de alternativas viables de solución de los problemas en cada uno de esos ámbitos de la vida nacional.

El economista debe ser un estratega, es decir, además de ser un problemólogo tiene que ser un solucionólogo. El economista debe desarrollar un sentido y responsabilidad de liderazgo, para lo cual tiene que ser coordinador, comunicador y concertador. En este punto déjenme aclarar que no confundamos ser líder con ser simplemente jefe o caudillo, pues suscribimos el liderazgo como función altamente ética, e impregnada de vocación de servicio.

En muchos textos, acertadamente, se dice que el economista debe buscar la transformación de la sociedad para lograr el bienestar colectivo; que en ese sentido, el economista es el profesional del cambio, que su misión es contribuir a la materialización de la mejora de la calidad de vida en su institución, en su ciudad, en su país y en el mundo.

Por cierto que esta responsabilidad muy bien puede hacerse extensiva a todas las profesiones y especialidades. Entonces ¿cuál es -realmente- la ventaja diferencial y competitiva del economista?. A propósito, en el campo laboral encuentro haciendo prácticamente lo mismo a economistas, administradores de empresas, contadores, ingenieros economistas, sociólogos, incluso abogados y psicólogos que han tomado una maestría de un año en economía o administración de negocios.

Pero, volvamos a la pregunta, ¿qué debe diferenciar al economista de ese conjunto de profesionales, sobre todo si tuvieran que trabajar juntos?.

Nuestra propuesta es, que el posicionamiento del economista es diferente a la de los otros profesionales mencionados. El economista, en primer lugar, tiene que tener la capacidad de contextualizar tanto los problemas como la evolución y efectos de las alternativas de solución, y en segundo término, liderar el proyecto en su conjunto.

En consecuencia, el economista debe caracterizarse por su visión proyectiva (capacidad de anticiparse) y su enfoque integrador (actitud de liderazgo).

Esta cosmovisión y la importantísima función catalizadora que debe ser el aporte clave del economista, nos parece que está ausente en casi todos los esfuerzos de la sociedad por superar sus carencias.

Para desempeñar esta responsabilidad con eficiencia, eficacia y efectividad, los economista y quienes se están formando para serlo, además de su sólido dominio de la ciencia económica deben abarcar con solvencia los campos de las demás disciplinas sociales. Esto significa un mayor esfuerzo comparado con el de las otras especialidades o profesiones.

Para finalizar, quisiera decirles que el economista que se desempeñe en la función pública habrá de tener igual o mayor preparación que el de su colega del sector privado; para así ejercer con justicia su papel normativo, fiscalizador, sancionador y participativo.

La burocracia al servicio del país

Por: Eduardo Lastra D.

La idea del "Estado mal administrador", ha sido usada alegremente, como excusa cómplice de la ineficiencia e ineficacia de burócratas que aún no entienden lo que es servir al público.

Pero, hay evidencias de que el Estado es susceptible de un manejo eficiente, eficaz y efectivo, si quienes lo gestionan están convencidos de que el Estado debe estar al servicio de la persona humana en su condición de ciudadano, productor y consumidor.

En la Constitución política peruana, al Estado se le atribuye responsabilidades de orientar el desarrollo del país, de facilitar y vigilar la libre competencia, de defender el interés de los consumidores y usuarios, de estimular la creación de riqueza, de garantizar la libertad de trabajo y de empresa, entre otras. En cuanto a sus áreas de acción, el Estado tiene que ocuparse de la promoción del empleo, de los servicios de salud, de educación, de seguridad, de infraestructura básica y de justicia.

El Estado en tanto relaciones jurídicas y políticas institucionalizadas, o como aparato burocrático, no tiene vida propia, sino que depende de la voluntad y el accionar de las personas, que actúan como autoridades u operadores.

La modernidad exige, que el Estado sea pequeño pero fuerte, para cumplir su función normadora, supervisora y sancionadora. En ese sentido, como parte de las reformas institucionales, el Estado peruano ha venido siendo "adelgazado"; pero la simple pérdida de "grasa" no ha significado el desempeño óptimo de las organizaciones destinadas a satisfacer las necesidades sociales. Nos parece bien que el Presidente del Consejo de Ministros, haya anunciado que para la modernización del Estado, se aplicarán las técnicas del planeamiento estratégico.

Recordemos, sin embargo, que los planes estratégicos y operativos, por muy bien estructurados que estén, no producirán nada, si las personas que han de ejecutarlas no tienen la capacitación, la remuneración y la motivación adecuadas.

Así pues, lograr que los funcionarios "internalicen" su responsabilidad de servidores públicos, para que gestionen sus cargos y no sólo ocupen puestos, es un aspecto importante de la modernización del Estado.

En su papel de promotor y regulador el Estado, no sólo debe ser eficiente y eficaz "per se", sino también contribuir a la eficiencia y eficacia de todas las instituciones de la sociedad. La gerencia pública, tiene la responsabilidad de trascender, convirtiéndose en un factor multiplicador de todas las relaciones sinérgicas del país.

Por un patriotismo real

Por: Eduardo Lastra D.

Hace algunos años, cuando los empresarios exportadores reclamaban que se elevara el tipo de cambio –a como dé lugar-, para que pudieran competir, los expertos le decían que no confundieran el incremento nominal con el aumento real. Felizmente, este tema ya ha sido convenientemente aprendido y ahora se busca lo esencial y no lo accesorio. Por cierto, el tipo de cambio tiene un papel importante en la competitividad exportadora, pero no lo es todo.

En el terreno político, actualmente escuchamos decir a los voceros del Gobierno; que si somos patriotas no debemos cuestionar la conducta de los militares, de miembros de los servicios de inteligencia; que no debemos ver ni oír a los militares ecuatorianos; que no cuestionemos la política económica actual, mucho menos sus logros. Porque, además, dicen, eso significaría socavar la institucionalidad de nuestras fuerzas armadas, ser desagradecidos con nuestros dirigentes y no querer al Perú.

Por mi parte, desde 1986 venimos reclamando que “Si usted es peruano diga nuestro país al referirse al Perú”, sin desconocer que hay amores nominales y amores reales. Así pues, existe diferencia entre lo que es el patriotismo y el patrioterismo.

Amar al Perú, sentirlo real y auténticamente nuestro, significa aceptar sus problemas, sin eufemismo barato y con sentido autocrítico, para que a partir de eso trabajemos por solucionar dichos problemas y para generar las condiciones de bienestar básicas para toda la población, y especialmente para los sectores menos favorecidos.

En este sentido, el amor por nuestro país tiene que ir más allá de la reverencia y la cortesía por nuestros símbolos patrios y el buen nombre de nuestras instituciones tutelares y autoridades, hasta la vigilancia democrática para que nadie saque provecho personal de esos símbolos y de los cargos públicos que le toque ocupar como empleado o como autoridad.

Amar al Perú, significa también, no creer que únicamente nosotros podremos solucionar todos sus problemas y marginar arbitrariamente al resto de compatriotas de ésta tarea. Ya hemos tenido experiencias fratricidas, basadas en frases como “sólo el Apra salvará al Perú”, “sólo los cholos aman al Perú” y otras por el estilo. Por eso, la tarea de los gobernantes es la de convocar a la mayoría de los talentos nacionales.

Amar a nuestra patria, es no ser triunfalistas y ser conscientes que aún campea en nuestro medio la falta de empleo, la inmoralidad, la violencia, el abuso del poder; por lo que tenemos que renovar el compromiso de eliminar esas lacras, precisamente para fortalecer un clima de convivencia democrática.

¿Y la concepción estratégica?

Por: Eduardo Lastra Domínguez

Cuando los operarios de una construcción cavan zanjas, por aquí y allá, levantan columnas y colocan ladrillos - aparentemente de manera caótica -, pudiera pensarse que cada cual hace lo que quiere. Sin embargo, la "obra" ha sido previamente concebida; sus estructuras calculadas, y sus ambientes diseñados. La ciencia y técnica arquitectónica, de ingeniería y de construcción están detrás, garantizando que la edificación habrá de soportar los desafíos sísmicos.

En plena era del conocimiento, la electrónica y la informática, ¿por qué el afán de caminar a tientas, acertando sólo por ensayo - error, desperdiciando energías, en lugar de mejorar nuestra curva de aprendizaje colectivo?

¿Es imposible proyectarnos - como país - unos veinte años adelante y determinar cuáles y cuántas serán las necesidades a satisfacer de los 34 millones de peruanos? Y conocida la magnitud de los requerimientos, establecer la manera de ir satisfaciéndolas en el tiempo, hasta llegar a la situación deseada de Desarrollo Económico y Social?

¿Acaso no hay forma - racional y creativa - de compatibilizar las funciones del Estado y el mercado, del empresario y el burócrata, del importador y el exportador, del banquero y el agricultor, del industrial y el poeta, etc. para construir una sociedad vivible, de la que no tengan que emigrar nuestros familiares y amigos, en busca de mejor porvenir?.

Tenemos que evitar las marchas y contramarchas que nos impiden mantener un rumbo y ritmo de avance progresivo. El país ya supo de crecimientos "históricos" como los de 1986 y 1987, para luego despeñarnos hasta las profundidades de un PBI negativo de -8.8% y -11.7% en 1988 y 1989 respectivamente. Cuatro años más tarde, después de remontar con sacrificio dicho "hueco", a la luz de los resultados positivos de un 6.5% en 1993 y del espectacular 12.7% en 1994, nos sentimos "tigre" americano. Pero, el "tequilazo" accionó la ducha fría que redujo nuestro crecimiento en 1995 al 6,9% y que al habérseles "pasado la mano" enfriadora a nuestros burócratas, en 1996 logramos apenas un 2,8% en el PBI.

Hay obligaciones políticas y éticas, que tienen que ser asumidas por quienes desempeñan cargos de responsabilidad, en los ámbitos, político, de gobierno, académico, empresarial y profesional. Ellas son, las de hacer posible la eliminación de la pobreza material, la ignorancia, la indiferencia y el abuso.

También en el ámbito de cada ciudadano, necesitamos aprender a mirar el horizonte y caminar rumbo a él.

El partido del verdadero triunfo

Por: Eduardo Lastra D.

No quiero ganarme la enemistad de ningún aficionado al futbol.

Pero, mientras el equipo que representa al Perú, perdía por tres goles a uno en el gramado verde, frente al equipo chileno, cerca de 400 personas, entre mujeres y varones, entre jóvenes y adultos, durante cuatro horas, el domingo pasado, participaron entusiastamente en la JORNADA EMPRESARIAL CON EL Lic. EDUARDO LASTRA.

El tema fue: "Todo lo que debe saber para manejar un negocio y no fracasar".

Como "entrenador" de esta actividad, me alegra mucho el resultado de la encuesta que llenaron los participantes.

Dicen que esta actividad de capacitación empresarial, les sirvio para:

- Incrementar sus conocimientos sobre el tema.
- Mejorar la conducción de sus negocios en general.
- Han tomado conciencia de sus errores.
- Mejorar la relación con sus clientes.
- Motivarse para seguir adelante con su negocio.
- Despertar la inquietud para seguir capacitándose.

¡Gracias a estos emprendedores, por confiar en mí!

Se requiere concepción y manejo estratégico de las MyPE

Por: Eduardo Lastra D.

Cuando aparece una persona o una entidad que va a hacerse cargo de un tema, por supuesto que hay expectativas, esperanzas o simplemente nos conformamos con lo que aparece. Nombran a una persona y uno no sabe siquiera quién es, pero ruega a Dios que haga las cosas bien.

Para el tema de la MyPE, hemos tenido a Prompyme, Ministerio de Trabajo, y personajes supuestamente representativos de la micro y pequeña empresa que llegaron a puestos importantes de la administración pública; sin embargo, no se ha concretado hasta la fecha un avance significativo en el desarrollo de ese mundo empresarial, económico y social, compuesto por dos millones y medio de unidades manufactureras, comerciales y de servicios, donde alrededor de nueve millones de personas nos ganamos la vida, la mayoría en situación de sobrevivencia; pero que así y todo, aportamos un respetable 42% del Producto Bruto Interno del país.

Lo que siempre llama la atención es, por qué no hay políticas de Estado para desarrollar este amplio y complejo mundo de la micro y pequeña empresa, y también inquieta que muchos sigan hablando de “sector MyPE”. Sostengo que no es un sector, porque la micro y pequeña empresa es transversal a todos los sectores productivos. Muchos dirigentes como provienen del sector manufacturero creen que todo el universo de las MyPE son como ellos, olvidando que la micro y pequeña empresa en el país en mayor proporción es del sector comercio y sector servicios. Siendo todos importantes.

Por esa naturaleza transversal de las MyPE digo que este tema tendría que ser orientado desde el Estado por un ente supraministerial, que al estar por encima de todos los ministerios, debiera poner el acento en su papel promotor y coordinador, para catalizar el uso eficiente de los recurso del erario nacional. En este punto coincido con los dirigentes de la Coordinadora PyME Perú, cuando reclaman un espacio de diálogo de concertación permanente para establecer criterios de política para desarrollar este gran mundo de la micro y pequeña empresa de nuestro país.

Por otra parte, necesitamos que los dirigentes de las MyPE tengan claridad en cuanto a los lineamientos estratégicos a tenerse en cuenta para fomentar el verdadero desarrollo de la micro y pequeña empresa. Hay mucho que hacer en el campo de la formación y actualización dirigencial, para tener una masa crítica de cuadros competitivos y éticos.

El que las MyPE sean atendidas por el Ministerio de la Producción, nos parece bien como una transición al concepto del Sistema Integral de Promoción (supraministerial). Se dice que la función hace al órgano. Ojalá que el ministro Rey y su equipo técnico, desde PRODUCE nos sorprendan con una concepción global y estratégica de cada una de las medidas que produzcan.

El titánico microempuje

Por: Eduardo Lastra Domínguez (*)

El problema estructural de la falta de empleo, se agrava en Perú por el complejo fenómeno del llamado subempleo, dado que la incapacidad material de nuestra incipiente actividad industrial y el permanente y generalizado deterioro de nuestro aparato productivo nacional no han podido generar y mantener los puestos de trabajo estables que satisfagan la abrumadora demanda de empleo; especialmente vía la generación y desarrollo de grandes empresas.

El subempleo como refugio
Pero la expectoración de mano de obra de todo nivel de las empresas e instituciones públicas por medidas de reestructuración del Estado, como los despidos negociados de las grandes y medianas empresas privadas, por reducción de costos con miras a la búsqueda de la “competitividad”, no lograron que el llamado desempleo abierto se incrementara significativamente; pues se ha mantenido alrededor del 10%.

Los expulsados del nivel "adecuadamente empleados" fueron a parar al segmento de “subempleados”.

En el Perú, el “subempleo” se constituye fundamentalmente por lo que se conoce como la informalidad, tanto desde un enfoque puramente legalista, que alude a su desenvolvimiento al margen de las normas laborales, fiscales y municipales, cuanto productivas, en el supuesto - discutible- de que estarían actuando fuera o muy poco relacionados al aparato productivo formal. Aunque, en esta ocasión, no viene al caso discutir las connotaciones de la llamada informalidad, sí conviene destacar que dentro de ella se pueden identificar con nitidez formas organizativas predominantes, denominadas micros y pequeñas empresas, o micro y pequeños negocios.

Por cierto, aun dentro de la formalidad propiamente dicha, las micros y pequeñas empresas constituyen alrededor de 98% de los establecimientos existentes.

El colchón social
Por otro lado, la importancia de la micro y pequeña empresa es indiscutible si se toma en cuenta que en medio de la crisis recesiva, por todos los elementos ventajosos que posee, terminaron actuando como ese invalorable colchón social, que impidió peligrosos e indeseados estallidos, sociopolíticos, incluso frente a políticas y medidas de ajuste estructural (shock) aplicados sin los adecuados programas de apoyo social.

Cuando exaltamos y hasta homenajeamos el papel de la micro y pequeña empresa, por lo general la atención se centra en lo que es el éxito empresarial, aceptado como los resultados positivos mostrables; también es frecuente destacar la mentalidad empresarial, como la inquietud y afán por hacer empresa de las personas emprendedoras.

Sin embargo, para que pueda haber éxito y la mentalidad se llegue a poner en práctica, la materia prima y el insumo básico es el empeño, el esfuerzo constante, que garantiza la consecución de metas. En ese ingrediente fundamental es que pretendemos concentrar nuestra atención y nuestro elogio, en esta oportunidad.

El gran mundo de lo pequeño
La génesis de una micro o pequeña empresa puede obedecer a diversas razones como: el deseo de experimentar la sensación de ser hombre de empresa; querer ser su propio jefe; la inventiva industrial o tecnológica que ofrece posibilidades comerciales; o simplemente el hacer lo que sea para subsistir.

Cualquiera haya sido la puerta de entrada al emprendimiento, encontramos a miles de personas embarcadas en la responsabilidad de sacar adelante su respectivo proyecto empresarial o “negocio”. Casi dos millones en la “informalidad” y unas 650 mil registradas como “formales”. Asimismo, la forma organizativa que adoptan estos niveles empresariales pueden ser, y de hecho son de lo más variada y a veces nada convencional, producto de la originalidad de sus gestores o el desconocimiento de las técnicas ortodoxas, o por la adaptación de experiencias vividas en centros laborales anteriores.

Sea como fuere, en las micros y pequeñas empresas el motor operativo y el centro vital de las decisiones radican en el empresario; es decir, en la persona que concibió y que conduce la organización. Lo anterior es clave, porque este empresario de la micro o pequeña empresa, es la iniciativa, la fuerza, la dirección y hasta la alegría de su organización; y cualquier mínimo gesto suyo, ya sea de entusiasmo o de desaliento tiene un impacto directo en toda su empresa.

Por nuestras conversaciones frecuentes con ellos, estamos persuadidos de concluir que, saben o intuyen lo señalado y por eso transmiten en su trabajo diario una resistencia titánica a las adversidades que puedan provenir ya sea del mercado, de las autoridades, o de sus propios errores.

Luchando contra todo
Lo titánico del esfuerzo se entenderá, sólo si aceptamos lo inhóspito del entorno en el que tiene que trabajar el empresario de la micro y pequeña empresa. Inhóspito y hasta agreste, porque todo parece estar y ponerse en su contra.

No dispone de las asesorías financiera, tributaria, comercial, organizacional ni gerencial; el crédito formal prácticamente le está prohibido; la búsqueda de nuevos mercados en escenarios de cada vez mayor competencia se le hace desesperante, y frecuentemente debe encarar el que sus clientes, sí fueron empresas de mayor tamaño, al liquidarse o desactivarse no le paguen; o aun en vida le demoran esos pagos.

Claro que no puede reclamarse exclusividad para el empresario de la micro y pequeña empresa la responsabilidad de sacar adelante su proyecto empresarial. Sin embargo, creemos que la manera de sentir y vivir ese compromiso puede ser perfectamente diferenciado en uno y otro caso. El empresario de la micro y pequeña empresa recibe a flor de piel todos y cada uno de los embates de las dificultades y no siempre puede beneficiarse del dicho "una pena entre dos es menos atroz".

Él solo, se debate en todos los campos del accionar empresarial, y de acuerdo a su leal saber y entender tiene que ir salvando cada uno de esos escollos, para no perecer con su empresa en el camino. Sabe que no tiene adonde voltear, ni a quién pedir ayuda y, por lo tanto, deber agigantarse a fin de no convertirse en una historia más de ilusiones fracasadas; tampoco desea ser parte de esas estadísticas necrológicas, con las que los expertos sustentan sus diagnósticos de etapas frustradas o épocas perdidas.

La esperanza ayuda
El empresario de la pequeña y micro empresario se pregunta ¿“por qué yo debo pagar una serie de tributos, multas, etc. en la misma cantidad y proporción que las grandes empresas?; pero, esas interrogantes muchas veces sin respuesta para él, no se transforman en duda que le impida seguir bregando, con la esperanza de que las cosas habrán mejorar.

Otro acicate que tiene el empresario de la micro y pequeña empresa para no descansar, para no detenerse, para no desmayar: Son sus trabajadores; que por sentirlos tan cercanos, la simple idea de dejarlos sin trabajo, lacera su alma; porque él conoce en carne propia ese amargo sabor del desamparo.

Las pequeñas y microempresas en su mayoría sobreviven, porque sus conductores no entienden ni aceptan criterios de estar "técnicamente quebrados". Se “comen” su patrimonio, se “sobre explotan” a ellos mismos; pero, siguen caminando. Como esos buses obsoletos, destartalados y hasta pasados de moda, siguen consumiendo combustible y así pagando impuestos vía el combustible, y sobre todo, permitiendo que pilotos, ayudantes y propietario lleven un pan a sus hogares. Debemos apuntar que, sin se les presentara opciones viables para modernizar sus vehículos, ¡Cclaro que lo harían!

Requieren asistencia técnica
Por otra parte, es alentador constatar que tanto el empuje y el estoicismo de quienes hacen pequeña y microempresa en Perú, en su mayoría se encuentran impregnados de una valiosa dosis moral, que les obliga a permanecer en la pelea desigual, sin pasarse a opciones de mayor rentabilidad económica, pero reñidas con la ética.

Si esa fortaleza titánica de los cientos de miles de peruanos, que se han embarcado en el azaroso océano productivo, recibiera el suficiente apoyo, podríamos avizorar otro panorama económico y social para nuestro país. Sugerimos que, los profesionales ahora desocupados y subempleados- conformen equipos multidisciplinarios y polivalentes, para otorgar asesorías integrales a las pequeñas y microempresas, cobrándoles tarifas proporcionales a su capacidad de pago. Es el modelo que venimos impulsando en ILADE y Mundo MyPE.

Tampoco podemos desperdiciar la oportunidad de señalar que las instituciones y las dependencias del Estado, para demostrar que están a la altura de los tiempos de simplificación administrativa, no debieran hacerles las cosas más complicadas de las que ya son, a los empresarios de la micro y pequeña empresa.

No es que no quieran
El bajo nivel educativo que se constata en un alto porcentaje de los empresarios de la micro y pequeña empresa, no es impedimento para que su intuición empresarial les haga ver la importancia de cada uno de los factores que contribuyen al éxito de una empresa. Por eso aceptan, asumen y pagan los onerosos costos del crédito informal, por ejemplo.

También reconocen la importancia de la capacitación y la asesoría. Lo que ocurre, es que "el mercado" no pone a su alcance los "productos" más adecuados y a los precios competitivos, para satisfacer sus necesidades perentorias y aun las estratégicas. No es difícil imaginarse las posibilidades de desarrollo que tendría esa tenacidad, esa capacidad de aguante de los empresarios de la micro y pequeña empresa, si recibieran los Servicios de Desarrollo Empresarial adecuadamente estructurado para ellos.

Si en condiciones realmente adversas hay resultados meritorios, dado las potencialidades creativas de nuestra gente; esas semillas fructificarían mucho más en terrenos convenientemente habilitados y recibiendo los “abonos” y “nutrientes” requeridos.

La razón determinante
La subsistencia de la pequeña y microempresa, habida cuenta de las difíciles condiciones que debe superar, tanto en su entorno como dentro de su propia dinámica operativa, estaría explicada, entre tantas, por una razón determinante: el empuje de quien la concibió y la gestiona sacrificadamente.

Ese palpitar cotidiano de cada uno de los miles de mujeres y hombres haciendo micro y pequeños negocios y empresas, es lo que se transforma a la larga, en el gigantesco latido del gran corazón peruano, que genera el 42% del Producto Bruto Interno del país y evitó que el Perú se hubiera descalabrado en medio del clima de violencia terrorista, que tuvimos que soportar.

La Municipalidad y las MyPE

Por: Eduardo Lastra D.

En el marco de su responsabilidad fundamental y trascendente de ser el promotor del Desarrollo Local, la municipalidad debe, con sentido estratégico, dar prioridad a la atención de esa compleja realidad llamada micro y pequeña empresa, que en todo el territorio de nuestro país representa una parte importante de la actividad económica y sobre todo tiene una implicancia sociolaboral. .

Los resultados favorables que obtendrá la municipalidad al asumir su tarea de agente del desarrollo local, se manifestarán en los campos económico, social y cultural. Por ejemplo, se mejorará el ornato productivo y comercial; se alentará la actitud emprendedora desde la juventud; se fomentará la cultura tributaria; y se luchará contra el desempleo y la pobreza. Todo esto, dentro de un ambiente participativo, transparente y ético.

¿Pero, qué debe hacer la municipalidad, como instancia de gobierno local, para promover y apoyar el desarrollo de la micro y pequeña empresa de su circunscripción?

Sugerimos establecer y mantener las siguientes cuatro líneas de acción pro MyPE:

1.-Sensibilización. Es la entrega masiva de orientación y motivación, para que todos los negociantes, comerciantes y empresarios de su circunscripción se sientan servidores de sus clientes y vecinos.
2.-Capacitación y Asesoría. Se refiere a la formación y actualización empresarial y productiva, así como hacer conocer los trámites para legalizar y formalizar los micro y pequeños negocios y empresas.
3.-Organización. Tiene que ver con la facilitación para constituir empresas, asociaciones, consorcios, parques industriales; el funcionamiento de bolsas de trabajo e incubadoras de micro emprendimientos.
4.-Articulación. Se refiere al establecimiento de redes de contacto permanentes, que vincule a ofertantes y demandantes, para dinamizar la actividad económica, en un marco de sana competencia; para lo cual se activarán misiones y ferias comerciales, así como ayudar al perfeccionamiento de las compras estatales.

La municipalidad que realmente se compromete con servir a sus vecinos y contribuyentes, tiene que esforzarse por atenderlos con rapidez y esmero. Para ello, en el caso de la atención a los empresarios de la micro y pequeña empresa, será indispensable que trabaje con los conceptos y prácticas de “ventanilla única”, de “delivery” y cobrando tasas justas por sus servicios.
Aprovechemos la oportunidad para recordar que la municipalidad tiene que ser entendida como un agente facilitador del Desarrollo Integral de la Comunidad Local, por ser la entidad de gobierno más cercana a la vida cotidiana de los vecinos, a quienes debe comprender y atender con sentido de servicio promotor y no paternalista ni autoritario.

La problemática de los servicios para las MyPE

Por: Eduardo Lastra D.

Ahora es común hablar de que las organizaciones y hasta las personas naturales necesitamos tener una visión, una misión y objetivos claros para que podamos darle sentido coherente a nuestras acciones, a nuestra vida. Sin embargo, veo que en los hechos no demostramos un sentido estratégico que pueda relacionar los tiempos, las acciones y las responsabilidades necesarias para que nuestras actividades solucionen problemas, no las agraven o mejor aún no las generen.

En muchas reuniones de trabajo y conversatorios, puedo constatar que aun los más destacados expertos, autoridades gubernamentales, así como dirigentes gremiales de la micro, pequeña y mediana empresa, cuando se aborda la problemática de las micro y pequeñas empresas o de los servicios que se debe brindar a ese complejo mundo de las MyPE, se enfocan al análisis desde el punto de vista particular y de los intereses de cada quien y no de manera global.

Es decir, el funcionario está pensando en defender su manera de hacer las cosas, los profesionales están viendo cómo pueden conseguir mercado para sus servicios y los dirigentes gremiales en qué pueden conseguir para regalar a sus agremiados.

Siento que no se piensa PRIMERO en función de las necesidades y las expectativas de los empresarios de las MyPE, para en función de ello definir los servicios que se les debe proporcionar. Sólo después podemos ver cómo hay que articular los roles de los diferentes agentes que materializaríamos los referidos servicios.

Este lógica, de pensar ante todo en el usuario, que a todas luces debe parecer simple (y que en realidad lo es), aunque parezca mentira no se aplica. En consecuencia, vemos dependencias públicas que no cumplen su papel promotor y facilitador a cabalidad; gremios de empresarios y de consultores que son apenas agrupaciones sociales, y profesionales que llegamos a los usuarios (MyPE o PyME) con muy limitadas posibilidades de impacto positivo.

Esta falta de sentido estratégico en la posibilidad de generar sinergias y articular la voluntad de alianzas, es lo que acentúa las duplicidades de esfuerzos y la recortada efectividad en el uso de los recursos públicos y privados.

Recordemos que, por el lado de la demanda, estamos frente a cerca de tres millones de unidades empresariales calificadas como micro y pequeñas empresas o negocios, que requieren de información, capacitación, asesoría y asistencia técnica adecuadas a sus niveles de desarrollo y posibilidades de financiarlas.

Es por el lado de la oferta que, más allá de la buena voluntad, que todavía no somos capaces (como sociedad) de entregar a los empresarios de la micro y pequeña empresa los servicios que realmente les ayude a ser competitivos.

Lo micro es micro

Por: Eduardo Lastra D.

La peor de las injusticias es tratar por igual a los desiguales.
Por eso, la Medicina tiene especialidades para tratar a los niños (Pediatría) y a los ancianos (Geriatría). Algo similar encontramos en la Pedagogía, donde para la enseñanza de los niños está la Educación Inicial y de los adultos la Andragogía. Lo lamentable, en lo referido a la micro y pequeña empresa es que existen posiciones equivocadas, respecto de cómo debe ser su tratamiento regulador y promocional.

Segmentar es lo inteligente
Actualmente, la recomendación más aceptada en el mundo de los negocios es la de segmentar el mercado, hasta llegar a determinar los denominados “nichos” de mercado; es decir, porciones de mercado que puede llegar a estar conformado por un solo consumidor. Esto porque se acepta el criterio de que cuanto más dividamos a los consumidores según sus características homogéneas, estaremos en mejores posibilidades de atenderlos adecuadamente. Aquí podemos ubicar toda la filosofía del trato personalizado al cliente.
Veamos, cómo está segmentado el universo del empresariado peruano:
-Gran empresa, conformado por unas 800 empresas
-Mediana empresa, conformado por unas 11.000 empresas
-Pequeña empresa, conformado por unas 50.000 empresas
-Micro empresa, conformado por unas 2´320.000 empresas.
Agreguemos que se estima que entre las micro empresas por lo menos un millón ochocientas cincuenta mil (1´850.000) actúan en una situación de sobrevivencia. Y existen como una alternativa a la falta de empleo formal y decente, que nuestra economía nacional no puede generar.
Nadie puede contradecir la visión de querer tener en el Perú una actividad empresarial moderna, cumplidora de los convenios laborales internacionales y de las obligaciones tributarias nacionales, con prácticas corporativas dignas de todas las certificaciones ISO. Pero, ese propósito no es algo que se puede conseguir con el solo esfuerzo de quienes hacen empresa, también es indispensable la acción del gobierno nacional, regional y municipal, no con una actitud paternalista, si no con políticas y medidas auténticamente promotoras.
Sin embargo, también es oportuno recordar, que en todo el mundo la pirámide empresarial que tenemos en el Perú es similar, y precisamente por ello el apoyo del Estado se manifiesta con la presencia de entidades promotoras con presupuestos económicos significativos. Para citar algunos ejemplos, los EE.UU. destina a su agencia de desarrollo de la pequeña empresa (Small Business Administration) sumas de dinero muy importantes, como lo hace el Brasil para el SEBRAE y Chile para CORFO y SERCOTEC.
Otro ejemplo aleccionador lo tenemos en el campo de las microfinanzas, donde la visión y accionar de que trabajar con las microempresas o micronegocios es construir la bancarización y la cultura del ahorro nacional, que fue iniciado por algunas ONG y las Cajas Municipales de Ahorro y Crédito, ahora ya tiene cabida en la mentalidad empresarial de los bancos más importantes, que vienen aprendiendo que es muy diferente tratar a una mediana o gran empresa, que a una pequeña y sobre todo a una micro empresa.

Propiciar el desarrollo real
Nuestra posición es que las iniciativas empresariales tengan una evolución natural y lógica, haciendo que las empresas o negocios nazcan, crezcan, permanezcan o mueran, producto del lícito aprovechamiento de las oportunidades productivas y comerciales.
En este proceso, el Estado ha de participar cumpliendo sus responsabilidades normativas, supervisoras y sancionadoras, dentro de un clima democrático de participación ciudadana. Por ejemplo, desde la escuela debe fomentar el espíritu emprendedor de los alumnos; promover y apoyar las incubadoras empresariales; otorgar facilidades tributarias para los nuevos emprendimientos y para que las micro empresas inviertan en capacitación.
Estado y sociedad tenemos que distinguir claramente que la micro y pequeña empresa son estadios de desarrollo, por lo que no debe “meterse en un mismo costal” a la micro, pequeña y mediana empresa: porque así se estaría propiciando que las grandes y las medianas empresas, sientan la “tentación” de “hacerse” pequeñas o incluso micro, con la expectativa de reducir “sobre costos”, o “aprovechar” beneficios que realistamente correspondan con exclusividad a las MyPE.

El gran desafío
El gran desafió para nuestros legisladores, “gurús” (o gurúes) y autoridades es diseñar un marco legislativo, que presente reglas claras que permita a la iniciativa y actividad privadas desempeñarse creativa y competitivamente en los niveles empresariales micro, pequeño, mediano o grande. Para lo cual el sentido lógico y práctico pueden ser las mejores consejeras. Al bebé facilitémosle las cosas para que gatee; al niño para que camine, al joven para que corra. Por supuesto que evitemos que el adulto se haga el bebé.

(*) Lima, 30 Noviembre del 2007.

¡No hay salvadores de las MyPE!

Por: Eduardo Lastra D.

El Partido Aprista Peruano (PAP) más conocido como APRA acuñó y mantuvo por años la frase: “Solo el aprismo salvará al Perú”. Hace poco su actual dirigente máximo y quien en nombre de ese partido gobernó el país entre el 80 y el 85, ha dicho que ese slogan ya no va más, porque nadie por sí solo puede salvar al Perú, que es una tarea de todos de manera concertada.

Con relación a las micro y pequeñas empresas también tenemos experiencias que demuestran la imposibilidad de que una sola persona u organización (política o de otra naturaleza) pueda “salvar” a las MyPE, es decir solucionar sus problemas.

Han sido varios los que llegaron a importantes puestos de decisión política, usando la supuesta o auténtica representación de las MyPE. Por ejemplo: Máximo San Román, llegó a ser vicepresidente de la República, igual que David Waisman, incluso el propio presidente Toledo declaró que su gobierno era de los pobres y para los pobres.

La pregunta es: ¿acaso por haber tenido “representantes” y hasta “defensores” la micro y Pequeña empresa (MyPE) ha resuelto o siquiera atenuado de manera significativa sus acuciantes problemas?. Y la respuesta es un rotundo NO. Quizá hasta se han agravado.

Pero ya comenzamos a ver el nacimiento o reactivación de movimientos políticos y candidaturas, que pretenden subirse sobre las adoloridas espaldas de las MyPE, para que si las urnas se los permiten, esos “salvadores” sean los únicos que lleguen a disfrutar de las gollerías del poder y del erario nacional, regional o municipal.

Las “vedetes” que ya tuvieron “su” congresista pueden corroborar que son temas diferentes el del bienestar de “su representante” con la mejoraría de los representados.

Mientras no tengamos congresistas o parlamentarios preparados para entender y comprender la problemática de nuestro subdesarrollo y estar en la aptitud y actitud de evaluar adecuadamente las medidas realistas -que propongan partidos, gremios o expertos- para solucionarla en todos sus dimensiones y aspectos, los problemas de las MyPE, del agro, de la industria, de la educación, del turismo, de la seguridad ciudadana, de la corrupción, de la pobreza, etc., seguirán vivitos y coleando por años, independiente de si tienen representantes en la política y el gobierno o no.

Con todo respeto, quien dice “yo represento a las MyPE, porque tengo mi pequeño negocio o porque soy de tal o cual gremio o he organizado tal partido político para defender a las micro y pequeñas empresas, y por lo tanto desde el Congreso o ministerio haré que sus problemas se resuelvan”, creo que en lo más íntimo de su conciencia sabe que no es cierto. Dicen que hacer demagogia es prometer algo que uno ya sabe que no se cumplirá.

(*) 29 de Agosto de 2005

Representatividad de la micro y pequeña empresa

Por: Eduardo Lastra D.

Ya no cabe duda de la necesidad del dialogo fluido entre el sector publico y privado, tanto para un análisis realista de los problemas nacionales como para que las soluciones que se diseñen tengan viabilidad sostenible.
Para que el dialogo sea serio y productivo, el aspecto de los interlocutores tiene relevancia. Seguramente que habría problemas de representación si los gremios del sector privado tuvieran que entrevistarse y hablar con dos ministros de un mismo ministerio. Claro que esta posibilidad es algo forzada e hipotética. Sin embargo, en el caso de la micro y pequeña empresa, las autoridades tienen menos posibilidades de saber la autenticidad de dirigentes e inclusive de las organizaciones a quienes dichos dirigentes dicen representar. Por eso, sin proponérselo, al atender a diferentes dirigentes (muchas veces de organizaciones paralelas) mantienen situaciones de divisionismo, perjudiciales.
Para una un correcto fomento y fortalecimiento de la institucionalidad es necesario y urgente revisar el trabajo representación y representatividad de los gremios de las micro y pequeñas empresas peruanas.

Desde la base: Cuando el futuro Viceministerio de la micro y pequeña empresa conforme su respectivo Consejo Consultivo (o algo que se le parezca), que no incorpore a ningún “dirigente nacional” de la MyPE, hasta que no se produzca un urgente fortalecimiento gremial, desde la base.
En ese sentido, el Ministerio de Trabajo y Promoción Social, a través del Viceministerio de Promoción Social debe liderar una campaña pidiendo que las micro y pequeñas empresas se incorporen a las asociaciones de base existentes (y donde no las haya que las constituyan); esas asociaciones a su vez deben conformar federaciones geográficas (con ramas a su interior), los dirigentes de estas federaciones son los que participarán en confederaciones nacionales.
Actualmente vemos pulular “confederaciones nacionales” surgidas de reuniones de unos cuantos “dirigentes” a nivel de cúpula, que lo que buscan es fundamentalmente figuración y no fortalecer la organización gremial de la MYPE que pueda canalizar capacitación, financiamiento y oportunidades de mercados a las unidades productivas de micro y pequeña envergadura.

La representatividad: Por otra parte, no se trata solamente de que las asociaciones elijan a sus respectivos dirigentes. Porque se ven casos de directivos que una vez elegidos se aíslan de sus representados y vierten opiniones y toman decisiones muchas veces contrarias a los intereses de sus “representados”.
Por eso, el fomento de la vida asociativa tiene que ser un tema altamente sensible. La realización de las asambleas de las asociaciones, federaciones y confederaciones, tiene que ser un requisito para la atención que los organismos del Estado les puedan brindar.Un anuncio, del ministro de Trabajo e inclusive del propio Presidente de la Republica, en este sentido puede ser una buena señal para movilizar, ese potencial de unión y organización de la micro y pequeña empresa, que tienen en adelante una gran tarea en su consorciamiento, como una manera de elevar su competitividad.

¡Iniciamos el cuarto año!

Como muchos sueños, como muchos proyectos en el mundo de la micro y pequeña empresa, con muchas dudas y hasta temor nos lanzamos a la aventura de poner en las manos de los emprendedores el periódico MUNDO MyPE, con el propósito de entregarles consejos prácticos para el manejo competitivo de sus negocios.
Así, el 12 de marzo del 2006, MUNDO MyPE amaneció en los principales kioscos de nuestra ciudad capital, Lima, y también en los eventos más destacados de empresarios de la micro y pequeña empresa. Ahora nos alegra tener circulación nacional, con la versión impresa, y presencia internacional a través del Internet.
Sin embargo, lo que más ilusión nos hace, es que cada vez son más nuestros lectores fieles –por lo menos en Lima- que cuando sus kioscos “les fallan”, porque no les guardaron su ejemplar, vienen a nuestras oficinas a comprarlo para que no se descomplete su colección.
Igualmente nos sentimos bien, cuando recibimos correos electrónicos de nuestros lectores: empresarios de las MyPE, profesionales, funcionarios públicos, dirigentes gremiales, políticos y colegas periodistas, alcanzándonos sugerencias, felicitándonos o expresando alguna discrepancia.
MUNDO MyPE es periodismo especializado independiente, pero al mismo tiempo un esfuerzo empresarial autofinanciado; por eso, en esta especial ocasión agradecemos la confianza preferente de nuestros anunciadores.
Valoramos asimismo el aporte de nuestros colaboradores, que cada quincena entregan responsablemente sus artículos, con los que contribuyen a fomentar una auténtica mentalidad y actitud empresarial.
También agradecemos especialmente a los distribuidores de diarios y revistas, quienes a su vez manejan sus kioscos como micro negocios.

Muchas gracias

Eduardo Lastra D.
E-mail. elastra@mundomype.com
Celular. 9.9617.8473