miércoles, 31 de julio de 2013

Los fracasos como fuente de oportunidades

Por: Eduardo Lastra D. (*)

En términos generales podemos decir que fracasar es no lograr lo que uno se propone. Puede tratarse de un objetivo preestablecido o de la búsqueda de la satisfacción de una determinada necesidad.

 

Por supuesto que un fracaso nos lleva a sentirnos mal. A ese estado anímico lo llamamos frustración, la misma que tendrá varias reacciones. La primera, es agrediendo o atacando a lo que consideramos como causante de nuestro fracaso. La segunda, es agrediéndonos a nosotros mismos. La tercera, buscando justificaciones a nuestro fracaso. La cuarta, compensando lo que no pudimos obtener. Finalmente, podemos hacer un análisis sincero de por qué no obtuvimos lo que lo nos proponíamos y tomaremos nuevas decisiones.

 

La verdad que será imposible que cada uno de nosotros logremos todo lo que queremos y que por eso tendremos múltiples fracasos, en nuestros emprendimientos personales, familiares, profesionales y de negocios. Es decir, tomaremos decisiones equivocadas y cometeremos errores. Eso será inevitable. Sin embargo, siempre podemos corregirnos y tomar nuevos rumbos, tal vez con mejores perspectivas; por eso se dice que, "no hay mal que por bien no venga".

 

Lo que no debemos hacer, es paralizarnos o pasarnos la vida deshojando margaritas, en espera de ese momento mágico que nos asegure el éxito, la fama y la fortuna. Busquemos las oportunidades para concretar nuestros propósitos y nuestras metas. Y si no existieran, pues a crearlas, mi amigo. Recuerda que "a Dios rogando y con el mazo dando".

 

Saquemos lecciones de cada una de las caídas que podamos tener y volvamos a levantarnos, todas las veces que sean necesarias, para hacer mejor lo que tengamos que hacer. Al final de cuentas, esa es la experiencia de vivir.

(*) Presidente del Instituto Latinoamericano de Desarrollo Empresarial, ILADE

martes, 16 de julio de 2013

¡CUIDA Y MEJORA TU NEGOCIO!

Por. Eduardo Lastra D. (*)

Ya sabemos que la concepción y el "alumbramiento" de un nuevo emprendimiento empresarial son toda una hazaña.  Recordemos las interminables revisiones de las ideas que se nos venían a la cabeza. Los entusiasmos por tener nuestro propio negocio, que nos dejaban más pronto de lo que pensamos. Y una vez, que nos decidimos por ese negocio que se presentaba prometedor, tuvimos dificultades para "plasmarlo" en ese famoso Plan de Negocios, que se nos recomendó hacer.

 

Claro que recordamos, como una experiencia de heroicidad y aventura, todas las consultas, capacitaciones y  gestiones que hicimos, para constituir nuestra persona jurídica, conseguir el local donde instalarnos, obtener nuestra licencia municipal de funcionamiento. Cómo olvidar la emoción que sentimos cuando nos entregaron la primera cajita con nuestras tarjetas personales: nos sentimos realmente importantes. Y, ahí están las fotos y videos, de la super inauguración de nuestra anhelada empresa, testimonio concreto de que nos habíamos hecho empresario de una MyPE!.

 

Luego fuimos constatando en carne propia, que la empresa no es la Escritura Pública, donde dice que soy el accionista mayoritario y su gerente general. Que los materias primas, las máquinas y equipos, el dinero y el personas, son recurso muy importantes, pero, que necesitan ser ¡GESTIONADOS! A fin de cumplir con la entrega de los productos que el mercado y nuestros clientes los necesitan, en la calidad, cantidad y momento que ellos nos lo indican. A "cocachos" fuimos aprendiendo que en la vida real no hay "pilotos automáticos". ¡Hay que hacer que las cosas sucedan!

 

Nuestras  responsabilidades de empresario-gerente tienen que ver con: Definir la visión, misión y valores de la empresa y con que todos los que la conformamos nos comprometamos con hacerlas realidad. Establecer los planes cuyos objetivos deben cumplirse necesariamente. Organizar el trabajo, de manera que nuestro desempeño a todo nivel sea eficiente, eficaz y efectivo, lo cual significará que atendemos nuestra productividad para mejorar la competitividad relativa que hayamos logrado. Y todo esto debe  revisarse permanentemente, para hacer las correcciones del caso oportunamente.

 

Pero todavía hay algo más que debemos atender, teniendo en cuenta que nos desempeñamos en un contexto de alta competencia, nacional e internacional, producto de la globalización. Se trata de nuestra obligación de luchar contra la obsolescencia. Es decir, de no quedarnos estancados. De estar muy atentos al avance tecnológico y al comportamiento de nuestros competidores. Para encarar este desafío, la capacitación de nosotros mismos  y de nuestro personal es una inversión que debemos asumir de manera sistematizada  y constante.

 

Una herramienta que te ayudará, de manera práctica,  a cuidar y mejorar tu empresa o negocio, es el Curso Gestión de Pequeñas Empresas que dictamos en ILADE, en las modalidades presencial y a distancia. ¡Te lo recomiendo!

 

(*) Consultor MyPE, Presidente del Instituto Latinoamericano de Desarrollo Empresarial.

Cel. 996-178-473  Email:  elastra@mundomype.com    web. www.escuelaempresaarialeduardolastra.com