domingo, 27 de diciembre de 2009

Para formalizar a las MyPE

Por: Eduardo Lastra D. (*)

Cuando hablamos de empresas en el Perú, nos estamos refiriendo a organizaciones que entregan productos (tangibles o intangibles) al mercado, generándose diferentes niveles de rentabilidad. Estas organizaciones empresariales las clasificaremos como: Empresas grandes (800), empresas medianas (11,000), empresas pequeñas (50,000) y micro empresas (3´200.000.000). Donde las micro y pequeñas empresas (MyPE) suman tres millones doscientas cincuenta mil, constituyendo el 98% del total de las empresas del país, que producen el 42% del PBI, ocupando al 75% de la fuerza laboral.

Es común decir que las MyPE se caracterizan por su informalidad, baja productividad y muy poca capacidad asociativa. Sin embargo, la otra cara de las MyPE, nos presenta millones de casos de éxito –de los cuales sòlo los más llamativos son televisados-, pero todos merecerían serlo, porque la sobrevivencia en sí misma es un verdadero heroísmo cotidiano, que las MyPE realizan a pesar de las trabas de las entidades del Estado, que preocupadas por conseguir la “legalidad” burocrática, olvidan la promoción de la auténtica formalidad de todas las empresas del país y por cierto de las MyPE.

Como sabemos, legalidad es tener las mejores leyes y no cumplirlas; tener las mejores certificaciones de calidad y no actuar de acuerdo a sus procedimientos; golpearnos el pecho y rasgarnos las vestiduras y no practicar la Caridad bien entendida, que no es dar lo que nos sobra. Es bueno establecer pautas y normas de convivencia civilizada, es decir, está bien establecer la legalidad; pero, no es suficiente: ¡Nos urge la formalización en todo!, que en verdad es atender el fondo del asunto.

En lo que respecta a las micro y pequeñas empresas, su formalización tiene que ver con: 1.-Promover desde el hogar el espíritu emprendedor. 2.-Proporcionar a los estudiantes conocimientos y facilidades para que estos se vinculen de manera sostenida con la actividad productiva y empresarial. 3.-intensificar la capacitación empresarial para los actuales empresarios de las MyPE, a través de los medios de comunicación social y eventos masivos a gran escala. 4.-Asumir en serio el desafío de la simplificación administrativa, para que la burocracia esté al servicio de las MyPE y no al revés. 5.-Facilitar el acceso oportuno de las MyPE a las fuentes blandas del micro-financiamiento. 6.-Establecer una asesoría estructurada para la identificación y aprovechamiento de mercados locales e internacionales. 7.-Repensar, con criterios de justicia tributaria, las obligaciones de la micro empresa en este campo. 8.-Propiciar la autentica asociatividad representativa de las MyPE. 9.-Viabilizar una integración vertical inteligente de la mediana y gran empresa con las MyPE, cara a la búsqueda de la competitividad productiva nacional. 10.-Gestionar más eficientemente los recursos, que para las MyPE tienen las fuentes de cooperación internacional.

Por otra parte, para que la formalidad, entendida como el funcionamiento eficiente, eficaz y efectivo de cualquier entidad, se vea materializada en la conducta de todas las MyPE, seguimos pensando que todo el aparato administrativo del Estado debe participar, bajo la batuta de un ente coordinador supra-ministerial. Mientras tanto, nos agradaría ver que el Ministerio de la Producción, ahora con nuevo titular, actúe con sentido estratégico y mayor diligencia operativa. Si en todo este desafío logra la participación activa de las municipalidades, sería su mejor aporte a la formalización. Mientras tanto las MyPE seguirán produciendo, a pesar de todas las limitaciones. Como siempre.

(*) Presidente del Instituto Latinoamericano de Desarrollo Empresarial y director de Mundo MyPE

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Solidaridad y desprendimiento

Por: Eduardo Lastra D. (*)

Con mucho sacrificio económico, papa y mamá, habían ahorrado para que en esa Navidad hubiera en la cena un hermoso y apetitoso pavo. Imaginaban la alegría de sus cuatro hijos saboreando el delicioso y jugoso pavo, que sería un buen ingrediente del clima navideño, que siempre lo consideramos lleno de paz y amor.

A medida que avanzaba la tarde, y el ajetreo en la cocina se hacía más frenético, gracias al entusiasmo de la mamá, también el resto de la familia se contagiaba de la expectativa favorable por lo que sería ese encuentro alrededor del representativo animal, el pavo.

La familia había programado cenar temprano, a eso de las 10 de la noche, para tener una agradable y muy familiar sobremesa, que culminaría con la entrega de los regalos, que dentro de sus vistosos envoltorios, ya adornaban al pie del arbolito, que por décimo año se veía imponente con su verde algo descolorido, pero con muchos adornitos a cuestas.

Faltando algunos minutos para la hora acordada de sentarse a la mesa, llegaron dos de los hijos que acababan de hacer sus compras en un concurrido mall, colocaron sus respectivos regalos junto a los demás y en voz alta dijeron: “!A comer!”.

La mesa lucía verdaderamente linda, y el pavo al centro impresionante; pero mejor aún provocativo. El papá, tendría la honrosa tarea de cortar el pavo y servir a cada quien su correspondiente “presa”, para que lo disfruten y la pasen bien. El jefe de la casa de puso en pie, empuño el cuchillo con una mano y el gran tenedor con la otra, y se preparaba para dar el gran primer corte, cuando casi al unísono, sus cuatro hijos reclamaron: ¡yo quiero la pierna!.

Volvamos por un momento a la realidad que estamos narrando. Hay seis comensales, cuatro de ellos quieren cada uno “su pierna de pavo”. Pero, hasta donde sabemos esta ave solamente tiene dos piernas. ¿Cuál es la solución?

La posibles opciones de salir de este impasse pueden ser: Que papá como repartidor oficial diga a quien le toca cada porción y por lo tanto las disputadas piernas. A cada hijo le podría corresponder media pierna. Las piernas podrían ser para los papás y los hijos a mirar se ha dicho. Si se apela a la suerte, ella diría a quiénes les tocaría las piernas. Pero, como dicen los jueces. “las sentencias favorecen a unos y perjudican a otros, no pueden contentar a todas las partes”.

La anécdota nos recuerda que las pujas distributivas, la lucha por los intereses y antojos particulares, para que sean resueltas de manera justa y armoniosa, es decir civilizadamente, requieren de una alta dosis de solidaridad y de desprendimiento.

Vemos situaciones donde a pesar de las carencias materiales, es perfectamente vivible un ambiente de confraternidad, de comprensión y de compartir lo poco que se puede tener. Y esto no sólo tiene que ser en Navidad, sino todos los días de la vida. Hacerlo realidad, donde nos toque estar, es el gran desafío de la humanidad.

¡Feliz Navidad!

(*) Presidente de ILADE y Director de Mundo MyPE
elastra@mundomype.com
Cel: 9.9617.8473