martes, 31 de marzo de 2009

Estrategas y Estrategias para servir al Perú

Por: Eduardo Lastra D.

El 20 de junio de 1985, al clausurar un evento que organizamos el Instituto Latinoamericano de Desarrollo Empresarial (ILADE) y la Revista AVANCE ECONOMICO con el título: “¿Cómo reactivar la economía peruana?”, dije:

Los distinguidos ponentes de este importante evento: ingeniero Ernesto Lanatta, economistas Javier Iguiñiz, Emilio Barreto, Alejandro Toledo, e Iván Rivera y el licenciado Jorge Vivanco, desde sus respectivas percepciones técnicas y políticas han coincidido en que la situación del Perú es grave y casi “apocaliptica” en los aspectos económico, social y moral.

Efectivamente, las cifras que nos han mostrado y la realidad concreta que cada uno de nosotros observa cotidianamente, guardan relación con el preocupante deterioro de la situación actual.

Nuestra pobreza como país -también se ha señalado- no es producto de las omisiones y acciones equivocadas de uno o dos periodos gubernamentales; si no que obedecen, en mucho, a condiciones estructurales. Razón por la cual resolver nuestro atraso económico tomaría aproximadamente 20 años, si hacemos las cosas bien.

Entonces, la situación económica actual de nuestro país (la de 1985), puede ser calificada, sin exageración, como verdaderamente delicada, crítica y explosiva.

Las sugerentes propuestas de cómo reactivar la economía peruana, planteadas por nuestros distinguidos expositores, nos permiten descubrir que un aspecto determinante para encarar con seriedad la situación antes descrita, es el sentido estratégico que se debe aplicar a todas las políticas y medidas de las soluciones.

Desde nuestro punto de vista, nos permitimos resaltar la necesidad de compatibilizar cuatro planos, para superar el deterioro nacional de manera sostenida. Estos son el Temporal, el Operativo, el Político y el Ético (TOPE).

En el plano temporal, es necesario que cada una de las decisiones compatibilicen el corto, mediano y largo plazos. No debe sacrificarse el futuro por lo urgente, tampoco en aras del ahora conviene descuidar el futuro.

En el plano operativo, es imperativo que los planes y programas se formulen con la indispensable coherencia técnica; que sean verdaderamente factibles de aplicarse; que hayan exigido de sus formuladores dosis importantes de creatividad realista. Esto último supone adecuar los modelos y teorías a las exigencias de nuestra realidad, en términos de posibilidades y limitaciones; pero más aún, en función de los costos sociales que generen su aplicación.

En el plano político, hemos escuchado, en este evento, a los industriales reconocer que únicamente la industria no podrá reactivar la economía, a los economistas aceptar que el problema económico no les compete exclusivamente a ellos, y a los políticos decir que el Perú no será salvado sólo por determinada agrupación partidaria. Por todo esto, tenemos la convicción de que un ingrediente fundamental para solucionar los problemas de nuestro país lo constituye la concertación de esfuerzos, experiencias, conocimientos y especialmente voluntades. Quizá este plano requerirá más atención y trabajo que cualquier otro, dentro de la estrategia integral.

En el plano ético, la deseada moralización compromete tanto a los dirigentes en todos los ámbitos y niveles, cuanto a cada uno de nosotros como sujetos actuantes de esta sociedad. Si no se da un compromiso personal de trabajo para superar el estado de deterioro de nuestro país en general, y en particular de su economía, de sus instituciones y de nuestra conducta personal, poco relevantes serán los resultados de cualquier política, de cualquier programa, de cualquier gobierno.

Contrastando la crítica situación de nuestro país y las exigencias estratégicas de su solución, se desprenden preocupaciones como las siguientes:

Primero, si nuestra situación de deterioro requiere de 20 años aproximadamente para “arreglarla”, ¿cómo hacer para que los diferentes períodos gubernamentales den coherencia, consistencia y continuidad a las políticas y acciones de solución?.

Segundo, el APRA gobernará el país desde julio de 1985 a julio 1990, según el doctor Javier Iguiñiz a la Izquierda Unida le tocaría gobernar de 1990 a 1995, suponemos que al doctor Iván Rivera le gustaría que el PPC gobierne el país de 1995 al 2000, y el doctor Alejandro Toledo querrá que los independientes gobernemos del año 2000 al 2005. Pero, si en esos 20 años los diferentes gobiernos no muestran verdadera mejoría de la situación deteriorada, la población mayoritaria cansada del mismo estado de cosas ¿qué hará?, ¿a quién apostará?, ¿en quién creerá?, ¿a quién seguirá?.

Tercero, los analistas, al diagnosticar, frecuentemente comparan al país con un paciente, para hacer más didáctica su explicación. Siguiendo esa misma analogía ¿no es hora de exigir a los “médicos” del país (políticos, técnicos y gobernantes) que acepten la utilidad de las “juntas de médicos”, y formalicen mecanismos de coordinación para que todos puedan aportar su grano de arena a la solución real y duradera de los problemas fundamentales de nuestro Perú?, ¿no es acaso perentorio trabajar una estrategia de desarrollo nacional?, ¿ser parte de la solución no sería la manifestación concreta de una auténtica vocación de servicio por nuestro país?.

Cuarto, si bien el compromiso personal involucra a todos los peruanos, básicamente quiero referirme a quienes hemos recibido de la sociedad mucho más que el resto. Recordemos que en nuestro país sólo dos de cada 10 postulantes ingresan a la universidad, sólo cuatro de cada 10 egresados universitarios consiguen empleo dependiente, y que apenas uno de esos cuatro que lograron emplearse trabajan en su especialidad. Por otro lado, de cada 20 personas empleadas una ocupa el puesto de jefatura o dirección. En ese contexto, quienes somos estudiantes universitarios, tenemos un trabajo o nos desempeñamos en puestos directivos, constituimos un grupo privilegiado, que tenemos mayores obligaciones para con nuestro país. ¿Cómo encarar este compromiso personal?. Puede ser: estudiando mejor nuestra realidad, atreviéndonos a formular alternativas innovadoras para solucionar nuestros problemas, trabajando con mayor productividad cualquiera sea el puesto que ocupemos. Debemos ser además ejemplos permanentes de responsabilidad, de superación y hasta de sacrificio.

Reactivar la economía en función del desarrollo nacional, exige pues, de todos nosotros esfuerzo, seriedad, y solidaridad.

Bien, eso dijimos en junio de 1985.

El 5 de junio de 1999, en un congreso de estudiantes de economía en la Universidad Santiago Antunez de Mayolo (Huaráz) señalamos:

Del estado de situación de nuestra economía y de sus perspectivas podemos extraer las conclusiones siguientes:

1). Hemos salido de esa situación “apocalíptica y explosiva” de 1985, habiéndose revertido el desorden macroeconómico, para ubicarnos en una etapa de estabilización inconclusa, con un alto grado de apertura al proceso de globalización, que tiene efectos no deseados para nuestra sociedad. Sin embargo, nuestro país en el concierto internacional ha sido relegado a un estado de entre país “pobre” y “marginado”.

b). La política económica aplicada desde 1990 ha mostrado marchas y contramarchas significativas, viéndose imposibilitada para generar las condiciones del desarrollo sostenible de nuestro país. Las carencias sociales contrarrestan notoriamente con los logros fiscales y monetarios.

c). Ingresaremos al próximo milenio con una agenda pendiente donde podemos identificar los aspectos siguientes:

- Falta la visión de largo plazo de nuestro país. No tenemos aún respuesta a la pregunta ¿qué tipo de país queremos construir?.
- Debe formularse la estrategia de desarrollo nacional consistente con la visión que se haya definido.
- Hay que debatir el desarrollo agrario e industrial, el impulso al turismo, el incremento sostenido de las exportaciones, el papel de las pequeñas y micro empresas, el desarrollo tecnológico, entre otros.
- Tenemos que fomentar la inversión en el desarrollo del capital humano. En cuyo aspecto educativo habrá de tenerse en cuenta la formación ética y la identidad nacional.
- Debemos hacer la descentralización.
- Discutir los papeles del Estado y Mercado
- Lograr la inserción peruana en el sistema internacional, en condiciones que nos favorezcan.


Nuestra propuesta

Para encarar estos grandes temas, el aporte de los economistas es de vital importancia, debido a que están obligados a tener una mentalidad de estrategas que analicen los fenómenos de manera integral y proyecten políticas y medidas con visión integradora, de modo que los planes y programas sean coherentes en sí mismos, y consistentes en el tiempo y con los propósitos buscados.

Estimados amigos, nuestra propuesta es que el economista tiene, en el concierto de los profesionales, una mayor responsabilidad relativa en la comprensión de la problemática empresarial, institucional, local, regional, nacional y mundial; para en base a ello avanzar más allá del diagnóstico y el análisis, hacia la formulación de alternativas viables de solución de los problemas en cada uno de esos ámbitos de la vida nacional.

El economista debe ser un estratega, es decir, además de ser un problemólogo tiene que ser un solucionólogo. El economista debe desarrollar un sentido y responsabilidad de liderazgo, para lo cual tiene que ser coordinador, comunicador y concertador. En este punto déjenme aclarar que no confundamos ser líder con ser simplemente jefe o caudillo, pues suscribimos el liderazgo como función altamente ética, e impregnada de vocación de servicio.

En muchos textos, acertadamente, se dice que el economista debe buscar la transformación de la sociedad para lograr el bienestar colectivo; que en ese sentido, el economista es el profesional del cambio, que su misión es contribuir a la materialización de la mejora de la calidad de vida en su institución, en su ciudad, en su país y en el mundo.

Por cierto que esta responsabilidad muy bien puede hacerse extensiva a todas las profesiones y especialidades. Entonces ¿cuál es -realmente- la ventaja diferencial y competitiva del economista?. A propósito, en el campo laboral encuentro haciendo prácticamente lo mismo a economistas, administradores de empresas, contadores, ingenieros economistas, sociólogos, incluso abogados y psicólogos que han tomado una maestría de un año en economía o administración de negocios.

Pero, volvamos a la pregunta, ¿qué debe diferenciar al economista de ese conjunto de profesionales, sobre todo si tuvieran que trabajar juntos?.

Nuestra propuesta es, que el posicionamiento del economista es diferente a la de los otros profesionales mencionados. El economista, en primer lugar, tiene que tener la capacidad de contextualizar tanto los problemas como la evolución y efectos de las alternativas de solución, y en segundo término, liderar el proyecto en su conjunto.

En consecuencia, el economista debe caracterizarse por su visión proyectiva (capacidad de anticiparse) y su enfoque integrador (actitud de liderazgo).

Esta cosmovisión y la importantísima función catalizadora que debe ser el aporte clave del economista, nos parece que está ausente en casi todos los esfuerzos de la sociedad por superar sus carencias.

Para desempeñar esta responsabilidad con eficiencia, eficacia y efectividad, los economista y quienes se están formando para serlo, además de su sólido dominio de la ciencia económica deben abarcar con solvencia los campos de las demás disciplinas sociales. Esto significa un mayor esfuerzo comparado con el de las otras especialidades o profesiones.

Para finalizar, quisiera decirles que el economista que se desempeñe en la función pública habrá de tener igual o mayor preparación que el de su colega del sector privado; para así ejercer con justicia su papel normativo, fiscalizador, sancionador y participativo.

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