jueves, 1 de diciembre de 2011

¡Solucionemos los conflictos!

Por: Eduardo Lastra D. (*)

En todo tipo y tamaño de organizaciones, ocurren y seguirán ocurriendo los conflictos. De muy poco valen entonces, pedir que estos no se presenten, en sus diferentes manifestaciones, categorías y frecuencias.  Lo que tenemos que hacer es prepararnos para enfrentarlos y solucionarlos de manera sensata e inteligente.

 

Lo primero que necesitamos para solucionar un conflicto, es la actitud favorable; es decir, el querer solucionarlo. Si las partes involucradas se muestran intransigentes y no quieren dar "su brazo a torcer", no tendremos solución a la vista. Por el contrario, si los actores en pugna tienen la predisposición a "arreglar la cosa", podemos tener la certeza de que "saldrá humo blanco".

 

Tres son las vías para solucionar un conflicto: 1.-La imposición, donde el más fuerte impondrá sus condiciones. 2.-La negociación, acá los "contrincantes" ceden posiciones y aspiraciones en la búsqueda del justo medio. 3.-La integración, que es el esfuerzo por encontrar soluciones prácticas y duraderas, permiten resultados "ganar-ganar" para todos los involucrados.

 

La imposición, es la más rápida, pero al no tomar en cuenta las razones de la parte débil, deja libre el camino para que el conflicto reviva constantemente. La negociación, al hacer que ambas partes pierdan respecto a sus expectativas iníciales, arriba a situaciones precarias, que no dan por finalizados los conflictos. La integración, es la que lleva a una solución duradera del conflicto.

 

Ciertamente que la integración, que sería sinónimo de inclusión en los tiempos actuales, es un proceso más complicado y laborioso, que requiere más tiempo, paciencia y auténtico compromiso democrático de parte de los involucrados.

 

En cuanto al papel de los dirigentes en la búsqueda de la solución de conflictos por integración, diremos que cuando ellos están imbuidos del afán genuino de servir a causas superiores, como el bienestar de los pueblos y no les mueve intereses subalternos y personales, siempre encuentran la lucidez para ponerse a la altura de las circunstancias y ganarse un digno lugar entre los que pueden sentir la satisfacción del deber cumplido.   

(*) Presidente de ILADE

 

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