lunes, 3 de octubre de 2011

Cómo se forma un emprendedor

Por: Eduardo Lastra D. (*)

Si nos propusiéramos tener un país con una población mayoritariamente emprendedora, donde los empresarios tengan la iniciativa y la perseverancia para hacer que las cosas sucedan;  cuenten con la preparación teórica y práctica para conducir empresas competitivas, y  que asuman su Responsabilidad Social para actuar como servidores públicos desde la actividad privada, ¿dónde y cómo los "fabricaríamos?

Las "fábricas" de los emprendedores son: La familia;  el municipio como comunidad; el sistema educativo como la escuela, el colegio, el instituto y la universidad; y la empresa. Sabemos que de manera independiente o relacionada, cada uno de estos ámbitos de la vida, son los inspiradores  y formativos para muchos empresarios.

El proceso productivo lo constituyen: la valoración constante del emprendimiento, las experiencias empresariales, la facilitación del conocimiento de lo que son los negocios y la gestión empresarial en sí. Todo esto, como un sistema, a fin de que el empresario exitoso sea el resultado de haber realizado una "carrera empresarial", desde la casa hasta el mundo corporativo internacional, inclusive.

Veamos como ejemplo el antes y después, del "boom" de los emprendimientos en gastronomía. Antes: Padres de familia oponiéndose a la vocación del hijo que se interesaba por ser cocinero; limitada presencia de  centros de enseñanza para "Cheff"; autoridades desalojando a las personas que vendían comida en la vía pública. Después: Padres de familia alentando a que sus hijos sigan los pasos de algún cocinero famoso y adinerado; abundancia de centros donde enseñan especialidades gastronómicas; las más altas autoridades políticas alentando y apoyando eventos donde la comida, los cocineros y los empresarios culinarios son verdaderas estrellas mediáticas, que hasta ya los consideran presidenciables.

Otro ejemplo, digno de recuperar es el siguiente: hasta la década de los 60, a los alumnos que estudiábamos la secundaria, simultáneamente se nos enseñaba un oficio. Así, de la secundaria industrial egresaban mecánicos, electricistas, carpinteros. De la secundaria comercial, los contadores mercantiles. Los que queríamos "seguir la universidad" nos matriculamos en la secundaría común, y no aprendíamos ningún oficio. Lo destacable de esta experiencia, es que la mayoría de los jóvenes, además de haber concluido su secundaria, tenían un oficio con que ganarse la vida.

Entonces, el que podamos materializar el propósito de tener distritos, regiones o un país realmente de emprendedores competitivos y éticos, es un desafío que exige una concepción estratégica y una tarea sumamente concertada de los agentes económicos y sociales, tanto públicos como privados.

(*) Presidente del Instituto Latinoamericano de Desarrollo Empresarial, ILADE

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